En una de las últimas audiencias antes de la sentencia, frente a la jueza Ingrid Vanessa Cifuentes, las sobrevivientes del incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, pidieron una justicia digna. La reparación del daño con atención médica y psicológica, un cambio en los sistemas de protección para niñas y niños y, sobre todo, que la tragedia no se repita.
Las jóvenes, hoy ya mujeres, pidieron no ser discriminadas o juzgadas por las quemaduras que tienen a causa del incendio, no ser señaladas como culpables y seguridad. Todas tienen temor de sufrir represalias.
Dos de ellas hablaron presencialmente. Ambas llegaron a la sala con cubrebocas y una de ellas con una gorra. Tres más lo hicieron a través de una videoconferencia.
La cadena de voces de las sobrevivientes inició con Emelin Guadalupe Del Cid Linares. Al escuchar su nombre se levantó de la silla en la que estaba sentada entre el público y pasó al frente.

«Durante estos ocho años yo me he hecho la pregunta y me sigo preguntando: ¿qué hubo en el corazón de estas personas para no escuchar el grito de ayuda, para no abrir la puerta cuando nosotros les estábamos pidiendo el auxilio? No ha sido fácil todo esto», dijo Del Cid.
Aseguró que ella y las otras sobrevivientes son la voz de las 41 niñas que murieron, de las que ya no están. Hizo saber a la jueza que han esperado la sentencia por ocho años.

«Pido por favor que se nos brinden medidas de seguridad porque el temor de que pueda haber represalias ha estado siempre», pidió Del Cid.
Cuando regresó a su silla, un grupo de mujeres la rodeó para apoyarla. La abrazaron y la consolaron mientras lloraba. El grupo de mujeres estaba compuesto por otras sobrevivientes, la madre de una de ellas y familiares de las niñas fallecidas.
Mientras, la jueza Ingrid Vanessa Cifuentes mencionó a la segunda sobreviviente. Yesenia Paola Barrios Pérez.
«Necesito mucho acompañamiento, psicológica, emocional y económicamente, porque antes de que pasara eso, yo estaba bien. Yo entendía bien y ahorita tengo un trauma, pero bien severo, que me cuesta entender», dijo Barrios Pérez.
Contó que acudió al tribunal por sus hijos y para que lo que vivió no se repita. Pidió atención para mejorar su estado de salud y para poder retomar sus estudios.
Después de esto hizo una pausa que se alargó. La jueza le ofreció agua y tomarse el tiempo que fuera necesario. Cuando retomó la palabra, pidió a la jueza autorización para salir de la sala.
La jueza preguntó si las víctimas tenían acompañamiento psicológico en ese momento para que las acompañaran. Ellas confirmaron que sí. Minutos después se informó que la sobreviviente no continuaría con sus peticiones porque había sufrido un desmayo.
La jueza aprovechó el momento para hacer una reflexión sobre la falta de uso de un biombo, el objeto evita que las víctimas estén en contacto visual directo con los acusados.
Durante las peticiones, las dos sobrevivientes hablaron mientras las acusadas y los acusados las observaban. Algunos preferían mirar hacia el suelo, otros se frotaban el rostro con las manos y algunos miraban fijo hacia adelante, inmutados.
«Son solicitudes que ustedes tienen que hacer. El tribunal desde la última audiencia le requirió a los abogados las circunstancias en cuanto a sus agraviadas. Si es un poco fuerte para ellas venir acá, son situaciones que se debieron haber previsto… Esperamos que siga mejor la señorita», concluyó la jueza Ingrid Vanessa Cifuentes.
Las peticiones virtuales
El resto de las sobrevivientes declararon por videoconferencia.
La tercera sobreviviente en ser escuchada fue Cynthia Paola Morales Alfaro. Además de exigir justicia, señaló que las sobrevivientes con mayor cantidad de quemaduras sufren más señalamientos, críticas y burlas de la sociedad. «Sigo siendo apodada como “la quemada”», lamentó.
«Con el tiempo hemos visto y se han presentado pruebas de que nosotras no somos las culpables. Que dejen de estar señalandolos como que nosotras tuvimos la culpa», dijo Morales.
Para ella, obtener justicia es también necesario para prevenir y evitar que otras niñas pasen lo que ellas pasaron.
«Quisiera mucha justicia para nosotras y no solo para nosotras, sino que para que esto no vuelva a suceder. Para que esto no vuelva a marcar a más familias. Que no les quiten el sueño a más niñas, porque éramos niñas, no teníamos culpa de nada. Les arrebataron sus sueños a muchas niñas», añadió.

Cuando Morales terminó, pasó Estefani Dariana Sotoj Hernández. Su rostro se observó en la pantalla del tribunal, en una sala del octavo nivel de la torre de tribunales de Guatemala.
Sotoj Hernández contó que por los daños físicos ocasionados por el incendio, exponerse al sol y caminar mucho afectan su salud. Esto le dificulta encontrar un empleo.
«Cada quien tiene diferente discapacidad, que se fijen en que pueden ayudar porque una no nació así. Lo que hicieron fue bastante grave», dijo Sotoj.
Mientras las sobrevivientes hablaban en la pantalla, las que estaban presentes en la sala y las familiares de las víctimas tenían la misma dinámica de apoyo. Se tomaban de las manos, se abrazaban unas a otras. Las más afectadas recostaban sus rostros en el hombro de las que tenían los ojos vidriosos.
Cuarenta minutos después del inicio de la audiencia, fue el momento de la última sobreviviente de las que decidieron hacer sus peticiones. Kimberly Odalys Castillo Rodríguez.
Lamentó no haber visto ningún remordimiento en los acusados y recordó que las sobrevivientes tuvieron quemaduras. Algunas perdieron parte de su cuerpo y otras aún viven las secuelas de las heridas.
«No es justo que la gente piense que éramos unas personas revoltosas. Se pasaban abusos, incluso con el tema de la comida también era así. El día que decidimos alzar la voz, lamentablemente incendiaron el aula, porque no creo que una de mis compañeras lo haya hecho», dijo Castillo.

Ella pidió una sentencia justa para que ella y las demás sobrevivientes se sientan satisfechas de haber hecho algo por las que murieron, por las que hace ocho años salieron quemadas del aula o en llamas.
«Señora jueza, pienso que no hay que tenerles compasión a las personas que hicieron esto, porque ellas tampoco tuvieron la compasión de hacerlo el 7 y 8 de marzo», fueron las palabras de cierre de la sobreviviente. Cuando las dijo, lloraba.

Las madres que piden justicia
Las madres y hermanas de las niñas que murieron en el incendio también se sentaron frente a la jueza para hacer sus últimas peticiones.
Anastasia Rivas, madre de Daily Analí Domingo Martínez, solicitó justicia y una ayuda económica para que su hija no siga sepultada en un lugar público, que sus restos puedan ser trasladados a un espacio privado.
«Una tragedia provocada porque había muchas cosas que las niñas podían decir», señaló Vianney Hernández, madre de Hashly Angelie Rodríguez Hernández. Ella declaró por videoconferencia porque pedir justicia le representó amenazas. Para resguardar su vida, migró. Habló desde el exilio.

En su discurso, Hernández mencionó a Jimmy Morales, presidente de Guatemala cuando ocurrió el hecho. «Sabemos que hay una responsabilidad de él en ese momento», señaló.
Además de pedir una justicia digna, las familiares pidieron que la historia no se vuelva a repetir.
«Le pido que por favor todos los lugares de abrigo sean investigados y haya personas adecuadas para que esto no se vuelva a repetir», dijo Mariana Palencia, hermana de Kimberly Palencia Ortiz, una de las niñas que murió hace ocho años en el incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción.
Kimberly y Mariana crecieron cuidándose una a la otra. Mariana pidió a la jueza justicia por la muerte de su hermana y de 40 niñas más.
Para saber más y comprender el caso Hogar Seguro, visita el especial No fue el fuego
Texto: María José Longo Bautista
Edición: Carmen Quintela
Fotografías y video: Christian Gutiérrez

